La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

miércoles, 11 de octubre de 2017

Museo de Historia Natural de Oxford

Hace unos días y a propósito de cierto grafiti, llamaba su atención por motivos de proximidad urbanística sobre esta institución y su gran capacidad de vínculo científico, que saben tanto me gusta.
No se lo dije entonces pero el “culpable” de este vínculo es un compañero biólogo, que no hace mucho hizo uno de sus viajes de “turismo científico” por el Reino Unido y ésta vez le tocó a Oxford. Él es el que me ha puesto en la pista de buena parte de lo que les cuento y de ahí que lo “culpabilice”.
Como decía mi abuela “siempre es bueno que haya niños chicos”.
También conocido como Museo de la Universidad de Oxford, este edificio de estilo neogótico se empezó a construir en 1855 con el objetivo convertirse en un centro de estudio del mundo natural.
Un campo de conocimientos que, por sorprendente que nos oueda parecer hoy, aún no se había empezado a impartir como tal disciplina en la Universidad de Oxford, por cierto la más antigua de todas las inglesas.
Se trata, me refiero al museo, de una espaciosa sala con techo de cristal, sostenido por unos pilares que la dividen en tres galerías separadas por arcadas de piedra donde se albergan tres importantes colecciones de ciencias naturales.
Las estatuas del “Oxford”
A modo de adorno algunos pilares están decorados con estatuas adosadas a ellos de científicos, filósofos, médicos, ingenieros de reconocida fama mundial. Allí están todos ellos cohabitando, por ejemplo, con dinosaurios entre otros restos biológicos. Sirvan de ejemplo por orden cronológico los siguientes:
Entre los clásicos, quien es conocido como “Padre de la Geometría”, el griego Euclides (325-265 a. C.). El que está considerado como el tercer científico más importante, el griego Arquímedes de Siracusa (287-212 a. C.). El también griego y grande, Hiparco de Nicea (190-120 a. C.). Y por supuesto el quizás más leído de los autores griegos, el polímata Aristóteles (384-322 a. C.).
Posteriores a ellos nos encontramos con quien es más conocido por el sobrenombre de Doctor Mirabilis que por el suyo propio, el inglés Roger Bacon (1214-1294). Con el mismo “padre de la ciencia”, el pisano Galileo Galilei (1564​-1642). Con el hombre, para muchos, más influyente en la historia de la humanidad, el genial Isaac Newton (1643-1727). O con el gran alemán Gottfried Leibniz (1646-1716).
Seguidos del “electromagnético” físico-químico danés Hans Christian Oersted (1777-1851). El “padre de la química moderna”, el guillotinado francés Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794). El enoblecido sueco Carlos Linneo​ (1707-1778). O el naturalista francés y también noble Georges Cuvier (1769-1832).
Por último y ya más recientes, el conocido y reconocido médico inglés William Harvey (1578-1657). El médico experimentalista inglés John Hunter (1728-1793). El también médico e inglés Thomas Sydenham (1624-1689). Y naturalmente el biólogo más influyente de todos, el inglés Charles Darwin (1809-1882), aunque eso sí con posterioridad y las piernas cruzadas. Allí están todos ellos, cohabitando con los dinosaurios en Oxford
Con posterioridad les digo porque en realidad, la fama y el reconocimiento universal no le llegó hasta unos años después. Primero con la publicación en 1859 de su obra El origen de las especies, y después porque esta fama creció merced a un sucedido académico, entre dialéctico y algo más, que tuvo lugar un año después, en 1860, precisamente entre los muros de este museo.
Un debate relacionado con la teoría darwiniana de la evolución de las especies ¿No les parece genial el vínculo?




1 comentario :

Ramón García dijo...

¿Va a continuar?