La nueva interdependencia electrónica
reconstruye el mundo en la imagen de una aldea global.

Marshall McLuhan, filósofo y profesor canadiense (1911-1980)

martes, 21 de marzo de 2017

Primavera 2017. Inicio astronómico (y 3)

(Continuación) O dicho de otro modo. En las latitudes en las que se encuentra la península ibérica, el Sol “sale” por las mañanas antes que el día anterior y, por la tarde, se “pone” después.
Perdonen la forma de expresarme pero ya saben aquello de “pensando como Copérnico pero hablando como Tolomeo”. Cuantitativamente hablando, desde que se inicie la primavera, el tiempo que el astro esté por encima del horizonte se estima que aumentará en casi tres minutos (3 min) por día.
Y por diferentes razones que ahora no vienen al caso, en este mes tendrá lugar el primer cambio de hora del año. Se producirá, como es habitual, al iniciarse el último domingo del mes de marzo.
Así que a las dos (2) de la madrugada hora peninsular, del domingo 26 de marzo, habrá que adelantar el reloj hasta las tres (3). En Canarias, la una (1) de la madrugada pasará a ser las dos (2), y en todo el país este día tendrá, oficialmente, una hora menos.
Habremos recuperado, una vez más, el horario de verano ¿Hasta cuándo?
Adenda primaveral
Todos lo sabemos. Con la llegada de la nueva estación comienzan a subir las frías temperaturas del invierno, haciéndose cada vez más templadas y agradables, pero sin llegar aún a las tórridas veraniegas.
También los días empiezan a ser cada vez más largos, lo que trae consigo un aumento de la luminosidad que a su vez provoca cambios hormonales que llegan, indefectiblemente, a afectar al estado emocional.
No en vano aumentan tanto la carga de la hormona melatonina o N-acetil-5-metoxitriptamina (C13H16N2O2) , que se encuentra tanto en animales y plantas como en hongos, bacterias y en algunas algas.
Como la del neurotransmisor serotonina o 5-hidroxitriptamina (C10H12N2O), ambos encargados  como bien saben de incrementar la alegría, las ganas de salir y el apetito, sí los dos tipos. Sabido es por el refranero que “en primavera la sangre corre ligera”.
Así que bien podemos decir que estamos en la estación del amor, y no son pocos los estímulos sensoriales de todo tipo (visuales, auditivos, olfativos, gustativos, etcétera) que recibimos.
Resumiendo, a bote pronto se me ocurre un ramito de señales primaverales: Los días se vuelven más largos y cálidos (“En abril ya se cena sin candil”). La vegetación empieza a florecer. Las lluvias son abundantes (“En abril, aguas mil”). Y los arcoíris son cada vez más frecuentes (“Cuando el arco iris se ve, o ha llovido o va a llover”).
Sin embargo, siempre hay un pero, no todo son buenas noticias. La nueva estación trae consigo también problemas. Se me ocurren las alergias, no olvidemos que la mayoría de plantas realizan la polinización en primavera, los trastornos de ánimo, las depresiones, etcétera.
En definitiva eso que llaman astenia primaveral, una patología de poca monta, pues de toda la vida de Dios se ha sabido que “la primavera o te adormece o te altera”.