Atribuyo mi éxito a esto. Nunca di ni tomé ninguna excusa.

Florence Nightingale
, enfermera estadística (1820-1910)

martes, 9 de julio de 2013

¿Es cierto que el higo no es un fruto?


Lo es. Y aunque visto de forma rápida y ligera nos pueda parecer más que evidente que el higo es el fruto de la higuera, lo cierto es que ese parecer es un error.

Es una credulidad errada, el suponer que el higo es un fruto. En realidad visto con detenimiento y estudio, se trata de lo que se conoce como una infrutescencia.

Un receptáculo carnoso denominado científicamente sicono, que con forma de pera sirve de soporte a las flores masculinas y femeninas, y que originarán pequeños frutos denominados aquenios, vulgarmente conocidos como pepitas.


De modo que la parte carnosa y dulce del higo o sicono corresponde en realidad a las flores, que después de la fecundación se hinchan y se vuelven carnosas.

Como curiosidad científica comentar que, desde un principio, el hombre ha tenido la creencia de que la higuera no producía flores y que, directamente, producía frutos.

Así lo llegó a afirmar nada menos que el científico sueco Carlos Linneo (1707-1778), fundador de la moderna Taxonomía, y reconocido como uno de los padres de la Ecología, a mediados del siglo XVIII.

Pero hasta el mejor escribano echa un borrón. Y en este asunto Linneo echó uno. En 1737 hizo una clasificación de las plantas en función del sistema sexual y según las combinaciones del número de estambres y pistilos de las flores.

Y en dicha taxonomía creó una categoría para las plantas criptógamas, es decir, sin flores. En la ilustración que la acompañaba, en vez de dibujar un helecho o un musgo, fue y puso un higo. Se equivocó.

Un error que subsanó unos años después, en 1758, cuando constató que la polinización de la higuera era llevada a cabo por una avispa, a la que incluso puso nombre, Blastophaga psenes. Así que borrón borrado.

Pero a lo que íbamos. El higo no es el fruto sino la flor de la higuera.

A veces suele suceder que de cerca, las cosas no son como parecen de lejos. Pero para eso está la ciencia, para acercarnos el punto de mira. En esta ocasión sobre higos y brevas.

Con los higos y las brevas pasa como con Pascuas y Ramos
Convencido estoy que se le ha venido a la mente la asociación de ideas. Con el dicho de naturaleza botánica, ocurre algo parecido a lo que ya vimos hace unos meses, sólo que aquel era de naturaleza religiosa.

Diferente naturaleza pero una misma finalidad: la de referir el tiempo transcurrido. Seguro que la recuerda: “De Pascuas a Ramos”.

Pascuas hacen referencia a la de Resurrección o Domingo de Resurrección o Pascua Florida y Ramos al anterior, al Domingo de Ramos que, como es bien sabido, son las festividades que dan final y comienzo, respectivamente, a la Semana Santa.

Luego de Pascuas a Ramos transcurre una (1) semana, mientras que de Ramos a Pascuas transcurren cincuenta y una (51) semanas, es decir, casi un año. Lo que es bastante tiempo para el hombre.

Y de ahí su uso a modo de locución adverbial, para indicar que algo sucede de tarde en tarde. O que ha de transcurrir mucho tiempo para que vuelva a suceder. Por eso decimos que nos vemos ‘de pascuas a ramos’, cuando lo hacemos con poca frecuencia.

Por cierto, ya que hablamos de religión y volviendo a la higuera, en el libro del Génesis (3:7), leemos que Eva y Adán se cubren por pudor la desnudez con hojas de higuera, tras ser sorprendidos en pecado.

¿Por qué de una higuera, precisamente? ¿Tiene alguna connotación sexual esta planta que se nos haya escapado? Es más, ¿pudo ser el higo el fruto prohibido del Paraiso?

Queda abierto el nexo entre higo y sexo.


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