Tal vez la naturaleza sea fundamentalmente fea, caótica y complicada.
Pero si es así no me interesa.

William Thomson, físico y matemático británico (1824-1907)

viernes, 25 de enero de 2008

El mal samaritano

El 13 de mayo de 1964, mientras caminaba desde el coche hasta el portal de su casa, una joven de 28 años fue brutalmente agredida durante más de media hora, por un violador que terminó acuchillándola hasta matarla.

Eran las tres de la mañana y la escena fue presenciada desde sus ventanas por cerca de 40 personas. Pues bien. Nadie llamó a la policía.

Confirmado. En las grandes ciudades nadie ayuda a su prójimo. Nadie conoce a nadie.

Aunque es sabido que en esta vida, nada es tan simple como parece. Estudiada la situación por un equipo de sicólogos llegaron a dos conclusiones,  a cual más sorprendente.

El dinero no huele ('Pecunia non olet')

Cuenta Suetonio que en cierta ocasión, el hijo de Vespasiano, el futuro emperador Tito, le recriminó a su padre el cobrar un impuesto por los servicios sanitarios públicos. La razón era, su procedencia “tan poco limpia”.

Entonces, al parecer, Vespasiano le puso en la nariz unas monedas procedentes del primer pago y le preguntó: “¿Acaso te molesta su olor?”.

Tito lo negó por supuesto. No le molestaba. A lo que Vespasiano contestó: “Pecunia non olet” (El dinero no huele). No es un mal argumento. Sin embargo...


Sin embargo, las monedas huelen

Bueno, en principio no. Me explico. En realidad las monedas son inodoras hasta que entran en contacto con la piel humana.

Recientes investigaciones demuestran que el olor metálico que percibimos al tocar las monedas o las llaves de casa, se debe a una reacción química que se produce entre los lípidos de la piel y el metal.

Es un proceso parecido al que tiene lugar entre la sangre, que contiene hierro (Fe), y la piel.

Algunos antropólogos piensan que este olor era el causante de provocar, en nuestros antepasados, una reacción biológica que les llevaba a proteger a su hijo herido. Sabia naturaleza.

Naturaleza química.

De casta le viene al galgo (y II)

(Continuación) Otra evidencia del relevante papel que juegan los estímulos externos, la tenemos en este hecho: de los siete hijos con Nobel, cinco lo han obtenido en la misma área que sus progenitores.

Ya hemos visto a los Curie en radiactividad, los Bohr en átomo y núcleo, y ahora conocemos a los Siegbahn.

domingo, 20 de enero de 2008

En Gotinga

Ya no existen las matemáticas en Gotinga.
David Hilbert (1862-1943)

Con 33 años Hilbert ya era profesor en la prestigiosa Universidad de Gotinga, donde ejerció la docencia hasta 1934, después de su jubilación. Fue propuesto por el matemático F. Klein y estuvo a punto de ser rechazado dada su juventud.

La labor que desarrolló fue extraordinaria y tocó casi todos los campos de las matemáticas, incluidas sus incursiones en la matemática física relacionadas con la teoría de la relatividad de Einstein.

Hilbert decía que la Física era demasiado difícil para los físicos. Quizás no le faltara razón.

Ya jubilado, el ministro de Educación de la Alemania nazi le abordó en un banquete en el que coincidieron. Hay que recordar que desde 1933, con la llegada al poder de los socialistas, todos los profesores judíos habían sido expulsados de las universidades, perdiendo sus puestos de trabajo, y teniendo muchos que exiliarse. Y Gotinga era la universidad con más profesores judíos de toda Alemania. Por eso el ministro estaba interesado en conocer cómo se desarrollaban las matemáticas, ahora que se habían liberado de ellos. La respuesta del matemático fue rotunda:

- "¿Matemáticas en Gotinga? Ya no hay nada de eso allí". A buen entendedor.

miércoles, 9 de enero de 2008

Pasatiempos. 02

Un físico dispone de cinco fichas de colores: Roja, Negra, Verde, Blanca y Amarilla. Toma tres de ellas y las guarda en tres cajitas (1, 2, 3).

Un químico, que dispone de un juego de fichas como el anterior, pretende adivinar qué fichas fue las que cogió y en qué cajitas las guardó.

Cada vez que hace un intento, el físico le informa sobre su acierto, de color y cajita, de la siguiente forma.

Si adivina el color pero no la cajita pone una Y. Si acierta el color y la cajita, una X.

El orden en el que da las X e Y no tienen ningún significado.



Al cabo de tres intentos, éstas fueron sus respuestas. El químico no necesitó ningún intento más. Ya sabía la respuesta, ¿Y Usted?

SOL: V-R-B. No hay otra solución ¿O sí?

martes, 8 de enero de 2008

Libro Recomendado 02 : La parapsicología ¡vaya timo!

La parapsicología tiene más de 125 años de existencia y durante ese tiempo no ha aportado ni una sola prueba científica de la existencia de los llamados "poderes mentales".

En este libro, Carlos J. Álvarez nos muestra de forma amena, las verdaderas capacidades del cerebro y nos enseña cómo funcionan procesos psicológicos básicos como: la percepción, la memoria, la intuición o el razonamiento.

Separa ciencias de creencias, de las que la vida está llena. Unas creencias tan arraigadas, que las asumimos como verdaderas, cuando su única base es la superchería, la fe o el saber oral. Vamos, timos.

La parapsicología ¡vaya timo! Un libro perteneciente a una colección escéptica, imprescindible para que los mercaderes de lo oculto no nos den gato por liebre. No se la pierda.

Parapsicología (y II)

(Continuación) En definitiva, un auténtico “cajón desastre” donde casi todo vale, aunque, eso sí, recubierto con un fino barniz de un supuesto vanguardismo pseudocientífico.

Ya lo dice la ley de hierro de las pseudociencias: “No hay idea estúpida, por más absurda o inverosímil que parezca, que no encuentre creyentes, seguidores y defensores”.


En todos sus años de existencia -sus comienzos más o menos científicos datan de 1882- la parapsicología no ha aportado ni una sola prueba convincente de la existencia de la supuesta fenomenología parapsíquica.


La investigación parapsicológica se ha caracterizado por la incompetencia en el diseño de experimentos controlados apropiadamente.


Como ejemplo nos sirve la hipnosis, un fenómeno cuyo estudio se inició en el campo de la parapsicología donde, durante años, no se progresó en su conocimiento.

Al poco tiempo de ser investigado científicamente, por la medicina y la psicología, se comprobó que era un fenómeno cierto, y hoy en día es una técnica comúnmente empleada.


Y digo fenómeno cierto, porque las experiencias parapsicológicas existen. Dejando a un lado a desaprensivos y embaucadores, la mayoría de las personas que manifiestan haber observado determinados fenómenos o poseer ciertos poderes psíquicos, no mienten.

Para ellos la experiencia existe. Están convencidos de la realidad de sus afirmaciones, aunque también es cierto que las personas creemos todo aquello que necesitamos creer. 


Otra cosa, bien distinta, es que posean dichos poderes o que esos hechos hayan ocurrido en realidad.

Del nivel científico de los españoles

La ciencia es el gran antídoto
contra el veneno del entusiasmo y la superstición.
A. Smith, economista (1723-1790)

Según un sondeo realizado hace algo de tiempo por la revista Muy Interesante, y perdonen porque les hablo de memoria, 

¡casi un tercio de la población encuestada manifestaba que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra!

Qué me dicen, pensando igual que Tolomeo en las postrimerías del siglo XX.

Por no hablarles del porcentaje de encuestados -no significativo pero sí preocupante- que era de la opinión de que el hombre no había puesto el pie en la Luna.

Según ellos, todo había sido un montaje de la NASA, ya que era imposible que el hombre hubiera llegado hasta allí. Al ser preguntados por la razón de esa imposibilidad, sencillamente decían que, porque ¡estaba demasiado lejos! Increíble pero cierto. La luna demasiado lejos.

No puede haber más disparidad. Frente a una interesada y creciente petición de información sobre temas científicos de rabiosa actualidad, un deplorable nivel de cultura científica elemental. He aquí el reto.

¿Cómo ofrecer a un público interesado pero no especializado, los últimos avances de la ciencia y la tecnología?

¿Podemos informar de forma generalista, pero sin populismo, sobre unos conocimientos científicos mínimos?

¿Le permitiría esa información diferenciar lo que es cierto, por estar basado en pruebas objetivas científicas, de lo que es sólo credulidad -cuando no engaño- por estar basado en evidencias subjetivas acríticas?


Me estoy refiriendo a esa panoplia de falsas medicinas (magnetoterapia, iridología, cura por la ingestión diaria de la propia orina, cromoterapia, cirugía psíquica, homeopatía, etc)

De pseudociencias (piramidología, astrología, biorritmos, cientología, frenología, pseudohistoria, numerología, etc)

Y de fenómenos paranormales (triángulo de las Bermudas, platillos volantes, PES, viajes astrales, hadas, espíritus, monstruo del lago Ness, levitación, reencarnación, etc) cuya lista haría interminable este artículo.

¿Cómo hacer accesibles esos conocimientos, con un mínimo de rigor y un máximo de amenidad?

Qué duda cabe que no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Se llama divulgación científica y, en diferente grado, es responsabilidad de todos los medios de comunicación.

Siempre que pienso sobre este tema recuerdo el simpático libro de A. Bloch La ley de Murphy en el que se citan, entre otras, la guía para las ciencias experimentales de Handy según la cuál:

1.- Si es verde o se retuerce, es Biología.
2.- Si apesta, es Química.
3.- Si no funciona, es Física.

Aquí tenemos uno de los primeros retos: elevar algo el rigor académico del divertido prontuario científico de Handy.

De casta le viene al galgo (I)


Hace unos meses, preparando un trabajo sobre científicas galardonadas con el Premio Nobel, me surgió una pregunta: ¿Cuántos científicos con el Nobel han tenido hijos que lo hayan recibido también?

viernes, 4 de enero de 2008

Parapsicología (I)

Hace unos días una periodista me preguntaba cuál era mi opinión acerca de la parapsicología. Quería saber si en realidad se trataba de una ciencia o no. Si había realizado algún descubrimiento científico y, en ese caso, cuáles habían sido sus aportaciones al conocimiento humano.

Le contesté que, ya de entrada, el uso del término parapsicología resultaba, cuando menos, sospechoso. Lo era por ser ambiguo en su significado y equívoco en su intención. Me explico.

Pasatiempos. 01

Una rana traviesa cayó en un pozo de 30 m de profundidad.

En su intento por salir conseguía subir tres metros cada día, pero durante la noche resbalaba y bajaba dos.

¿Cuántos días tardó la rana en llegar al brocal del pozo? ¿Y en salir del mismo?

Solución: El vigésimo octavo (28) día llega al brocal del pozo (30 m) pero no lo sobrepasa, por lo que cae dos metros quedando a 28 m del suelo.
Ergo, en el vigésimo noveno (29) día sale del pozo.


Tabla de Mendeléiev

Nunca se me ocurrió que el sistema periódico
debiera comenzar precisamente con el hidrógeno.
Dimitri I. Mendeléiev (1834-1907)

Esta frase está escrita en su famoso manual ‘Fundamentos de Química’, que sirvió de texto para decenas de miles de estudiantes durante décadas.
Puede que hoy nos resulte sorprendente la afirmación en boca del padre del sistema periódico, pero en su época resultaba de lo más lógica.
No olvidemos que los elementos químicos estaban dispuestos en orden creciente de masas atómicas, y que la del hidrógeno era 1,008, la del helio 4,003, y así todas.
Parecía razonable pensar que existieran elementos químicos de masas atómicas 1,26; 2,65; 3; etc ¿Por qué no?
O incluso más ligeros que el mismo hidrógeno, de masas inferiores a la unidad, lo que haría que aparecieran antes en el sistema periódico.
Le dejo con una particular tabla. Le permitirá aprender dónde se encuentra cada elemento.
http://www.colegioheidelberg.com/deps/fisicaquimica/applets/tablaperiodicamuda/jtpmuda.htm

miércoles, 2 de enero de 2008

Mary Kingsley (1862-1900)

Siendo humana como era, debió sentir miedo de algo.
Pero nunca se pudo descubrir de qué.
R. Kipling, acerca de Mary Kingsley

Hija de un médico -naturalista y escritor de viajes, perteneciente a la burguesía intelectual de Londres- y de la cocinera de la casa, que se casaron cuatro días antes de su nacimiento, la pequeña Mary no tuvo lo que se podría llamar una educación reglada. Su padre no consideraba que la mujer debiera instruirse y su madre, pues era la cocinera. De modo que fue su interés por saber de otros lugares del planeta y la fascinación que le producía lo desconocido, lo que la llevó a la biblioteca paterna. Disfrutaba leyendo. Así se instruyó. Con el tiempo, presumió de haber adquirido gran conocimiento, sin haber estudiado jamás una línea. Una interesante idea sobre la que reflexionar. Llegó a leer a escritores, tan inusuales para una dama victoriana, como Ch. Darwin y T. H. Huxley.
Sin duda alguna, su singular comportamiento bipolar en la vida viene marcado por la diferencia entre los extractos sociales de sus padres. El doméstico, fruto de los fogones maternales, y el intelectual, heredado del ambiente culto de su padre. Por eso Mary, la recatada dama victoriana y buena hija, cuidó de sus padres hasta que fallecieron en 1892. Y entonces, sólo entonces, con treinta años, nació la Kingsley. La intrépida aventurera que terminaría por convertirse en la mayor autoridad en el África occidental del siglo XIX. En tan sólo siete años. Un buen cambio.

La exploradora africana
Las lecturas de las aventuras de los exploradores de la época, Livingstone y Stanley, le marcan y animan a enfrentarse a su nueva vida. En agosto de 1893, con treinta y un año, emprende su primer viaje a África. Tiene la intención de concluir un libro inacabado de su padre, sobre fetiches religiosos y sacrificios rituales en sociedades primitivas. Toda una proeza para una mujer sola. Ya durante el largo viaje da muestras de su fuerte carácter y perseverancia, al conseguir que el capitán no sólo le enseñe a pilotar el barco sino que le permita hacerlo. Era un bajel de dos mil toneladas. Una vez en África llega hasta Angola y la costa occidental. Le interesa todo. La propia naturaleza salvaje, la ictiología, las costumbres sociales de la tribus, sus religiones. En 1895, cargada de anotaciones y ejemplares, vuelve a Inglaterra. Le esperan el reconocimiento científico, la fama popular y las editoriales.
Pero siente de nuevo la llamada del continente negro. En su segundo viaje, Mary explora puntos poco visitados hasta entonces por el hombre blanco. Sus proezas son imposibles de imaginar. Viajó en canoa por el río Ogowé, donde recogió especimenes fluviales desconocidos hasta ese momento. En Gabón convivió con la etnia fang, a quienes se tenían en aquellos tiempos por caníbales. Atravesó pantanos, a veces a nado, y se enfrentó, sombrilla en mano, al peligro de los cocodrilos. No era mujer a quien los peligros la amedrentaran. Más bien la estimulaban a seguir adelante.
Coleccionó insectos, conchas, reptiles y plantas para el Museo Británico. Acompañada por algunos nativos recorrió la cerrada jungla ecuatorial. Hasta tuvo, algún que otro, desagradable encuentro con gorilas. Escaló los 4095 m del monte Camerún, por una ruta nueva no empleada antes por otro europeo. Allí tuvo que escapar de un tornado. En fin. No son de extrañar, ni la confesa admiración de Kipling, ni la afirmación del explorador Stanley que llegó a decir que Kingsley era su versión femenina. Un reconocimiento a la mujer, que no todos los hombres estarían dispuestos a realizar.

Siempre por el camino difícil
De vuelta en Inglaterra, y en medio del reconocimiento científico, la fama popular (era un referente social), el éxito editorial (escribió dos libros acerca sus experiencias) y la persecución de los periodistas (era todo un personaje), aparece una nueva Mary. La que muestra respeto por las culturas indígenas que ha conocido, y cuestiona el mundo victoriano en el que ha nacido.
Habla de la coherencia interna de estas culturas que, en muchos casos, supera el propio modelo inglés. Incluso llega a alabar, sin recelo, la poligamia. Ni que contar tiene la magnitud del escándalo que generó entre sus contemporáneos. Además, llega a cuestionar la idea imperante en la época de que un negro, no era más que un blanco subdesarrollado. Más disgustos. Que no quedaron ahí. También enojó a la Iglesia de Inglaterra, al criticar a los misioneros por pretender cambiar a la gente de África. Una anticipada a su tiempo que, no obstante, en otros aspectos, era bastante conservadora. Por ejemplo no apoyó el movimiento del sufragio de las mujeres.

La Reina de África
Una muestra de su conservadurismo nos la da su vestimenta. Todos sus viajes por África los hizo vestida con la misma ropa que habría llevado en la Inglaterra victoriana, sombrilla incluida. En más de una ocasión dijo que “una nunca se pasearía por África de un modo en el que le avergonzaría ser vista en Piccadilly”. Genio y figura. Toda vestida de negro, sin renunciar a los tocados femeninos, sombreros y quitasoles, la Kingsley era lo más alejado que uno se puede imaginar del típico tópico de salacot y explorador blanco al uso. Es evidente que componía una figura insólita en el África negra del XIX. De hecho ocurrió en realidad, lo que se cuenta con categoría de anécdota: cuando se lió a sombrillazos con los cocodrilos desde su canoa.
Mary murió de fiebres tifoideas a los 37 años, mientras cuidaba como enfermera a los soldados, en la guerra de los bóers, en Sudáfrica. Con anterioridad, el ministro de las Colonias, Chamberlain, le había ofrecido un puesto en el gobierno como consejera. Ella renunció. De acuerdo con sus deseos, sus restos fueron arrojados al mar.
Un siglo después de su muerte era estrenada una película en la que el personaje de la protagonista, estaba inspirado en sus aventuras, ‘La reina de África’.

La reina de África

Dirigida por John Huston en 1951, está basada en la novela homónima de C. S. Forester. Ganó un Oscar al mejor actor principal (Humphrey Bogart), y obtuvo otras tres nominaciones, al mejor director, a la mejor actriz principal (Katharine Hepburn), y al mejor guión. Sin desentrañar el argumento, salvo que está ambientada en África Oriental durante la Primera Guerra Mundial, sí damos tres apuntes acerca del mismo.

Uno, ilustrativo. La ficción cinematográfica de la protagonista Rose Saber está inspirada en las aventuras africanas reales de una mujer extraordinaria Mary Kingsley. Una mujer que recibió la admiración pública de hombres de la talla de los exploradores D. Livingstone y H. M. Stanley, y del escritor R. Kipling. Algo nada fácil en los tiempos que corrían.

Otro, anecdótico. El rodaje estuvo plagado de mil contratiempos. Filmada en el Congo belga, actual República del Congo, como camerinos se utilizaban cabañas de paja que carecían de servicios de aseos, agua corriente, etc. Como consecuencia de las penalidades derivadas del clima africano, el guionista J. Agee sufrió un amago de corazón, si bien la cosa quedó en el susto y algunas escenas del río se tuvieron que rodar en un estudio. Debido al calor y a las lluvias torrenciales, casi todo el equipo de rodaje cayó enfermo de disentería, al parecer debido al agua bebida. Tan sólo dos personas se salvaron: Huston y Bogart. La explicación, dicen las lenguas anabolenas, porque nunca bebieron agua. Sólo el whisky que se habían traído de América. A saber. Con la gente del cine nunca se sabe.

Estotro, político. Corrían malos tiempos en los EEUU. El macarthismo hacía de las suyas y los tres, Huston, Bogart y Hepburn, estaban perseguidos por comunistas. Con esta película se rehabilitaron de forma pública. Recuerden la escena en la que la Hepburn convence a Bogart para que lleve su barco corriente abajo y volar el barco enemigo. Todo un gesto redentor de patriotismo. De hecho ella, socialista confesa y activista declarada, dejó de aparecer en las listas negras de Hollywood. Corrección política lo llaman.

Ya nos lo advirtió el poeta sevillano Antonio Machado: “El cine... ese invento del demonio”.